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Mónica Fuentes – LA ÚLTIMA MORADA DE LOS AMIGOS MÁS FIELES

Unas 550 mascotas, la mayoría perros y gatos, reposan en los cementerios de animales de la Comunidad Valenciana.

“Aquí reposan los restos de un ser que poseyó todas las virtudes del hombre sin ninguno de sus vicios”. El epitafio que dedicó el poeta Lord Byron a su perro preferido es una de las inscripciones que puede leerse en las lápidas del cementerio de animales de Monserrat, Sena. Otras más sencillas rezan: “Te queremos”, “No te olvidamos”, “Estás en nuestro corazón”, y en algunas figura la foto de la mascota que inspiró a sus dueños ese amor tan intenso que supera los límites de la muerte. En Sena hay enterrados 250 animales, la mayoría perros y gatos, pero también un hamster, un pony y dos palomas. Es un recinto de siete mil metros cuadrados en la periferia de Monserrat donde los domingos por la mañana se reúnen mayores y niños para dar un paseo y poner flores en la tumba de sus seres queridos.

“No quisimos crear un espacio fúnebre con nichos y panteones sino una especie de jardín donde la gente puede encontrarse a gusto” comenta Mila Heras, que junto a María Dolores Cortés dirige Sena. “A veces, las personas que pierden a su animal de compañía sienten un dolor tan profundo que piensan que son unos bichos raros. Aquí comprueban que hay otros que experimentan esos sentimientos y les resulta reconfortable y consolador”, comenta Mila.

En Sena las tumbas están a nivel de suelo al estilo de los cementerios americanos, lápidas de cerámica o granito en las que figura el nombre de la mascota y la fecha de su muerte. En torno a una cuidada vegetación “ que hemos enriquecido entre todos pues al principio tuvimos problemas con el terreno”, señala Mila. Mayores fueron los que se presentaron para conseguir los correspondientes permisos, unos tres años de trámites burocráticos, pues la legislación al respecto es muy compleja.

En Sena hay fosas dobles de tierra y obra, de tres tamaños distintos. Las más pequeñas para gatos o perros menudos valen 19.800 pesetas, las más grandes, 28.600. A los animales se les entierra en ataúdes y envueltos en un sudario que debe fabricarse a medida cuando se trata de ejemplares grandes ya que en España no se comercializa ese tipo de productos.

En las afueras de Viver (Castellón), cerca del campiña de esta localidad, funciona el cementerio de animales más antiguo de la Comunidad, Can-Yupi. La idea surgió de María Puchol hace once años cuando murió su querido pastor alemán Yupi. Tras visitar los cementerios de animales de Madrid y París para informarse al respecto y franquear la barrera administrativa, lo puso en marcha. Es un terreno de 17 hanegadas en una ladera cubierta de plantas aromáticas y flora autóctona, un cementerio ecológico. En el recinto hay 300 animales enterrados y cada fosa de tierra o tapizada de piedras de rodeno vale 30.000 pesetas para cinco años.

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